Seguramente te ha pasado alguna vez... Entras a una habitación y percibes inmediatamente el aroma de una vela, un difusor o un perfume.
Pero unos minutos después...
Parece que el aroma desapareció. Lo curioso es que, cuando otra persona entra al mismo lugar, lo primero que dice es:
"¡Qué rico huele aquí!"
Entonces... ¿quién tiene razón? La respuesta es sencilla: el aroma sigue ahí, pero tu cerebro decidió dejar de prestarle atención.
La explicación
Nuestro sistema olfativo está diseñado para detectar cambios en el ambiente, no para analizar continuamente los mismos estímulos.
Cuando un aroma permanece constante durante varios minutos, el cerebro interpreta que ya no representa una información nueva o importante y reduce progresivamente la atención que le dedica.
Este fenómeno se conoce como adaptación olfativa o fatiga olfativa. No significa que hayas dejado de oler. Significa que tu cerebro decidió concentrarse en otros estímulos del entorno.
Es un mecanismo muy eficiente que nos permite seguir detectando olores nuevos que podrían ser relevantes, como humo, alimentos en mal estado o el aroma de una flor mientras caminamos por un jardín.
¿Entonces el perfume desapareció?
No. Las moléculas aromáticas siguen presentes en el ambiente. Lo que cambia es la forma en que tu cerebro las procesa.
Es algo parecido a lo que ocurre cuando usamos un reloj. Al principio sentimos que lo llevamos puesto. Después de unos minutos dejamos de notarlo, aunque siga exactamente en el mismo lugar.
Con los aromas ocurre algo muy similar.
¿Qué tiene que ver esto con los aceites esenciales?
La adaptación olfativa explica por qué muchas personas creen que su difusor "dejó de funcionar".
En realidad, la mayoría de las veces el aroma continúa dispersándose correctamente. Simplemente tu sistema olfativo ya se acostumbró a él. Por eso, en aromaterapia se recomienda utilizar los aceites esenciales por períodos limitados, en lugar de mantener el difusor funcionando durante horas seguidas.
Esto permite disfrutar mejor de los aromas y evita la saturación del sistema olfativo.
Este fenómeno ocurre constantemente. Por ejemplo cuando dejas de notar el perfume que te aplicaste por la mañana. No percibes el aroma de tu casa, pero las visitas sí. Un cocinero deja de sentir el olor de la comida mientras cocina. Quienes trabajan en una cafetería casi no perciben el aroma del café después de varias horas.
Nuestro cerebro simplemente aprende a ignorar los estímulos constantes para prestar atención a los nuevos.
¿Sabías que...?
Los perfumistas profesionales entrenan constantemente su olfato para reducir los efectos de la fatiga olfativa. Durante una sesión de evaluación de fragancias suelen hacer pausas frecuentes, cambiar de ambiente o descansar unos minutos antes de seguir oliendo nuevas muestras.
Aunque existe la creencia de que oler granos de café "reinicia" el olfato, los estudios sugieren que lo más efectivo suele ser hacer una pausa y respirar aire fresco antes de continuar evaluando aromas.
Ahora ya sabes por qué dejas de percibir un aroma constante. Pero hay otra pregunta igual de fascinante…
¿Por qué un mismo perfume huele diferente en cada persona? Lo descubriremos en el próximo artículo del Blog conCiencia.